Nov 152012
 

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Vuelvo al Festival de Cine Europeo de Sevilla tras haberme metido entre pecho y espalda el Sitges, y pese a no poder ver todo lo que me hubiera gustado, la verdad es que este año he tenido muy buen tino a la hora de elegir (y que me recomienden). Y oye, en un Festival tan complejo como éste, no es moco de pavo. También hay que destacar la labor realizada por el nuevo director José Luís Cienfuegos (antiguo director del Festival de Cine de Gijón), que recoge el testigo de Javier Martín Domínguez, y que a su vez le ha dado una nueva perspectiva a lo visto en años anteriores, con visos de apuntar a nuevos caminos en el futuro.

Este año, a parte del cambio directivo, se produjo un cambio importante, ya que se abandonaba la sede «oficial» hasta la fecha que era el Nervión Plaza, para situarse en terrenos más céntricos como son los cines Plaza de Armas, Avenida 5 Cines y Alameda (curiosamente la disposición de los mismos me recuerdan a los de Retiro, Prado y Auditori en Sitges). Y sinceramente, me parece todo un acierto, no sólo porque me coge más cerca del trabajo, sino que le da otro aire al Festival, y a los asistentes.

La película que inauguraba el Festival era la española Fin, dirigida por Jorge Torregrossa, con Maribel Verdú y Clara Lago protagonizándola y con guión de Sergio G. Sánchez (Lo Imposible y El Orfanato). La película dejó bastante frío al personal, y es que pese a tener el currículum que indico anteriormente, el guión cojea por varias partes. Pese a todo, se alaba este tipo de iniciativas en directores noveles como el propio Jorge.

Pero pese a haber comenzado con no demasiado buen pie, el Festival estuvo repleto de buen material (no hablo del cine griego precisamente, que ya hablaré más adelante). Buen ejemplo de ello fueron títulos como:

Reality: la nueva película de Matteo Garrone, director de la controvertida Gomorra, y que cambia radicalmente de tercio presentándonos a un pescadero italiano cuyo sueño es ser participante de Gran Hermano, y va perdiendo todo lo que posee a su alrededor con tal de conseguirlo.
A Royal Affair: drama histórico danés, que cuenta con el rostro imperturbale de Mads Mikkelsen, metido en un lío de faldas dentro de la corte real. A resaltar el vesturio y fotografía.
The Hunt: para un servido, lo mejor del Festival. De nuevo vemos a Mads Mikkelsen en Sevilla, esta vez en el rol de un profesor de guardería al que un comentario inocente pero a la vez destructivo de una de las njiñas a su cargo le hace la vida imposible en el pequeño pueblo donde vive. La tensión e impotencia que sobrevuela toda la película es tremenda.
Amour: Haneke tenía que estar aquí sí o sí. Su galardonada Amor hizo las delicias incluso de hasta los de corazón más duro, con su bella historia. Entradas agotadísimas desde antes que comenzara el Festival.
Holy Motors: y obviamente otra de las agotadas desde tiempos inmemoriales era lo nuevo de Leos Carax, que venía con la vitola de ganadora del Festival de Sitges semanas antes, y que pese a la complejidad de su argumento, es una cinta que fascina a propios y extraños, tanto por su dirección como por su fotografía (y por supuesto por la gran actuación de Denis Lavant).

Y aunque no la encuadremos como cine de calidad, se agradece que el Festival proyecte cintas como The Suicide Shop o Kill Zombie!, porque también existe buen material de género fantástico/terror en Europa (doy fe por diversos títulos en Sitges). Nombres como los de Manoel de Oliveira (este hombre nos enterrará a todos), Leos Carax o Matteo Garrone le dieron, más si cabe, enjundia a un Festival cada día más en boca de todos.

Referente a Grecia, país invitado este año, pues lamentablemente ha sido la que ha aportado las películas que han hecho la media de calidad tirando hacia abajo. Las películas griegas son de difícil digestión y pese a tener el nuevo trabajo del director de la genial Kynodontas (Canino), la verdad es que salías de la sala con una sensación de no tener ni idea de qué habías visto. Dos ejemplos: L y Alps. Dos películas cuyos protagonistas no tienen razón de ser. En una, éste vive en un coche, y trabaja recogiendo tarros de miel para un ricachón, hasta que éste le despide, lo que hace que su vida sea un infierno y se meta a motorista… En la segunda nos encontramos un grupo de personas que trabajan supliendo a personas fallecidas para apaciguar el dolor de las familias que han perdido al ser querido…

En definitiva, este año ha estado plagado de buenas películas, y de nuevo de una afluencia de público más que notable. Se nota la buena mano de Cienfuegos, y seguro que en años venideros el nivel del Festival ira creciendo a pasos agigantados.

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